Archivar paraDiciembre, 2007

I

Pablo estaba plasmando sus ideas ayudado por algún programa de computación de esos que yo tan poco entiendo. Mientras ideaba, hablábamos. El estaba sentado frente al monitor de su computadora, yo en cambio sentada en una silla detrás de él sacándole punta a los lápices de colores que en mi último viaje a Viedma, mi mamá me regaló.
Mientras Pablo tipeaba quién sabe qué, me preguntaba qué hacía.
- Nada, estoy sacándole punta a los lápices- respondí mientras hacía girar el lápiz de color amarillo dentro del sacapuntas de metal.
- ¿ Vas a hacer unos dibujos?- preguntó sin girar su torso hacia mi
- Algo así- respondí mientras apretaba mis dientes para sujetar con más fuerza al sacapuntas.
- ¿Qué significa eso?- Siguió preguntando mientras se metía en la boca unos maníes salados.
- Enchastrar hojas- dije entre dientes, poniendo mi mirada sobre la caja blanca donde guardo los colores
- Si haces mucho quilombo con los lápices, no sé si podes llegar a hacer enchastres
 Insistía con la conversación mientras con una mano manejaba el mouse de la PC y con la otra llevaba los maníes a la boca.
- Sí que puedo, haré algunos garabatos. Padezco de un ataque de infantilismo!- le respondí mientras con una sonrisa lo miraba.
- La mirada mas infantil es muy buena también.- dijo con tono de Profesor de Letras
- ¿Vos crees? Le pregunté mientras me acercaba a su bolsa de maníes y manoteaba algunos.
- ¿Miró no decía que había que volver a eso? Me preguntó convencido.
- ¿Quién es Miró?- Dije con incertidumbre y un poco molesta. Pablo a veces me hacía sentir una ignorante frente a sus diversos conocimientos culturales.
- Miró, un pintor.- Me dijo como si fuera obvio.
[Tenía razón, tiempo después me informe y entendí que Miró había sido un pintor surrealista que quería pintar lo que estaba en su subconsciente.
Realmente cuando me hablaba de artistas como si fuera obvio que los conocía, me sentía inferior pero eso no me paralizaba, lo aprendía y seguía.]
- No, no lo sé… pero es un buen chivo expiatorio jugar a enchastrar.- le contesté con desinterés- Y vos, ¿Qué haces?
- Termino de arreglar unas cosas- Dijo mientras se desesperezaba y dejaba escapar un bostezo. Añadió- ¿Escribís o pintás, o haces las dos cosas?
Un rato después de fumar cannabis y antes de que él empiece a trabajar con la máquina y yo a sacarle punta a los lápices, ya me había preguntado qué iba a hacer y yo le contesté que pensaba escribir sobre la nebulosa en la que estábamos.
- Sí, iba a escribir pero no se me cae una sola idea- dije con voz de resignación- Entonces me puse a sacarle punta a los lápices!- exclamé.
Se volteó hacia mí y con su mejor sonrisa dijo:
- Escribí sobre los lápices, ¡Zoks!
- ¿Vos crees que sería interesante leer sobre los lápices?
- Claro que sí, de hecho son una herramienta fantástica y rendirle homenaje me parece justo- decía con una sonrisa gigante en la cara.
- Es cierto, podría escribir sobre la satisfacción que me produce el vaivén de los lápices sobre alguna superficie y de lo mucho que dicen los colores cuando se los combina para producir algo, porque no llegan a ser dibujos.- discursié contenta- O de cómo los decapita el sacapuntas- seguí mientras me reía.
- Sobre el uso que tienen y lo lindo que son cuando ya están minis y saben que son sus ultimas semanas de vida- Me contaba con voz enternecedora- Además mientras menos duran, mas funcionales son es como que viven en una paradoja… algo así.
Concluyó justo cuando comenzaba a pitar un cigarrillo rubio.
- Eso es cierto- asentí- Mientras más rápido se gastan es porque más utilizados fueron y en esa utilización… la hoja blanca que era insulsa, paso a tener vidaaa! Y al final no es que se terminaron sino que se fusionaron para crear algo.
Como los osos esos que te conforman, se fusionaron
Cuando terminé de decir esto, estaba abrazando su torso desde atrás. Siempre le dije a Pablo que él estaba conformado por cientos de osos, era una forma cariñosa de tratarlo quizá.
Mientras acariciaba uno de mis brazos con su mano derecha, arremetió:
- Claro o como las rocas q erosionan.
- Estás con todas las luces!- le dije haciendo referencia a que esa noche estaba muy idóneo
- Sí, pero cuando no las uso las apago- me dijo entre carcajadas.
Luego de un rato mientras yo coloreaba una hoja blanca para que la cuelgue en la heladera apresada con un imán, Pablo terminó de trabajar. Ya había entrado la madrugada en escena.
- . Zoks, ¿Vamos a dormir?- preguntó
- No Pablo, no tengo sueño, me voy a quedar un rato más y después voy, ¿Eh?- le dije con cara de “quiero comprensión”
- Bueno, está bien, si te arrepentís…- dijo mientras me lanzaba una mirada provocadora y daba un beso en la nariz.
Estaba cansado por lo que se dio un baño reparador y se metió en la cama a mirar TV mientras buscaba conciliar al sueño. Yo opté por quedarme en el comedor “enchastrando” las hojas.
Mientras Pablo dormía comencé mi cita con la vigilia y me propuse escribirle unas líneas a esos colores a quienes les saqué punta infinitas veces en la noche y paulatinamente les gasté sus puntas tratando de evocar algún dibujo que decore la heladera del dueño de casa.
La hoja con renglones de mi cuaderno con espirales estaba pálida, y yo dispuesta decorarla con algunas líneas, hubiese sido más fácil escribirle a los lápices en la computadora pero no, prefería utilizar a mi grafito negro para rendirle culto.
Mientras bebía un sorbo de agua, empecé a escribir:

Delgado cilindro de grafito o de arcilla coloreada, encerrado en una envoltura de madera, papel u otro material, que se utiliza para escribir y dibujar. Elemento diminuto que en el momento de su creación revolucionó al mundo de la escritura. Seguramente Teut, el Dios de la escritura a quien la mitología griega le asigna tal desempeño…

Borré todo lo anterior dicho, parecía que estaba preparando una monografía para la facultad y eso no tenía nada que ver con lo que esperaba poder escribir desde mi adoración a los lápices.
Sin darme por aludida me decidí a tomar un respiro. Las letras forzadas nunca suenan bien.
Bebía un café cuando divisé que el grafito me miraba desafiante desde la caja donde reposaba. Así fue que una vez más lo tomé entre mis dedos, con mi mano derecha y me dejé llevar sobre la hoja borroneada.

Delgado cilindro de grafito o de arcilla coloreada, encerrado en una envoltura de madera.
Me mira desde su caja y siento que me desafía, quiere bailar sobre las hojas pálidas que aguardan ser escritas, borroneadas. Entonces ahora lo sostengo delicadamente con mi mano derecha mientras lo guío con mi puño sobre la hoja. Como ayudandolo a danzar. Mientras trazo reconozco su textura y disfruto de la danza que baila sobre mi cuaderno. Escribo con él unas cuantas líneas sentidas. Me agoto pero el lápiz no se rinde de inmediato, tengo que mantenerlo cerca; abro el cuaderno una vez más y lentamente lo hago volcar su esencia sobre otra hoja y danza sobre la superficie blanca, tan blanca que congela. Hace líneas y sombras… se siente esencial de nuevo. Pasado algún tiempo y escribiendo el punto final, termina su baile interno; luego queda reposando en el mismo lugar.

No conforme con mis letras y con un lápiz en la mano al que apretaba con fuerza, fui a recostarme al lado de Poli dejando cerca mío, sobre la mesa de luz al lápiz de color negro pero, esta vez el grafito tiene una mirada cómplice por lo que nos compete invocar a Pablo y a mí. Nos acompaña en la aventura, no me desafía mas porque está seguro de que mañana será la herramienta que elija para contar e inmortalizar nuestro encuentro.